Ayer al medio día, mi madre, unos amigos y yo, fuimos a comer a un restaurante japonés. En estas comidas siempre se cuentan anécdotas, el día a día y se forman planes. En ello que, mi amigo Marcos, el cual llamamos cariñosamente Marquitos, me propuso ir a correr por el Castillo de Bellver, y me explicó que recorreríamos una ruta con escaleras interminables y caminos rocosos.
Marquitos trabaja en la pizzería de mi madre desde hace más de cinco años y es como de la familia. Hacía ya unas semanas que planeábamos quedar un día e ir a correr por el bosque del Castillo, pero no se porque me entraba un poco de pánico al oir la descripción de dichas escaleras, hasta que ayer me convenció.
Jamás había visto unas escaleras tan largas, ni en esas películas de artes marciales en las cuales el alumno tiene que superar diversas pruebas, y entre ellas ha de subir una montaña enorme por medio de una hilera de escaleras interminables para lograr llegar al Limbo. Cuando llevaba unas cincuenta escaleras, mi respiración cada vez se hacía un hueco en los ruidos del bosque, hasta que cobró total protagonismo y tan sólo se escuchaba a ella. Habíamos empezado con demasiado fuerza. Pero después, cuando llegue a lo que podríamos denominar "cima", me sentí exhausta pero a la vez me recorría un cosquilleo de felicidad, por lo que tomamos aliento, y bajamos por un camino corriendo y después lo subimos otra vez.
Al principio me encontraba fatigada, pero después de hacer un recorrido, me encontraba llena de fuerza y vitalidad, y tan sólo tenía ganas de seguir corriendo. Me sentía genial con el viento a mis espaldas, las sombras del bosque, sus pájaros y acompañada de mi amigo Marcos y otros corredores. Veía a los perros con sus dueños felices por su paseo en la naturaleza, y poco a poco dejé de pensar en el tiempo y cuanto quedaba por terminar, y disfruté del paisaje y me deje llevar.
Cuando terminamos de correr nos dimos cuenta que habíamos estado corriendo de cinco a siete de la tarde, y me dí cuenta que era una de las mejor experiencias que había tenido, porque a mi me resultaron tres cuartos de hora, y aún tenía ganas de más.

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