En esta entrada hablaré de las mentiras. Todos las conocemos, en tanto a medida que vamos creciendo y acumulamos experiencias, las interceptamos cada vez con mejor maestría. A su misma vez las utilizamos con dos objetivos, el primero, en nuestro beneficio, ya sea por ejemplo en política para conseguir más votos y conseguir o permanecer en un determinado puesto, en publicidad para incrementar nuestras ventas, o simplemente en nuestra vida cotidiana para así salir beneficiados en una situación. El segundo caso, vendría a ser un acto sin ánimo de lucro, las denominadas "mentiras piadosas", utilizadas para no herir a los demás, pero por desgracia, las primeras, a causa de la deshonestidad humanda, son las más frecuentes.
Centrémonos en la vida cotidiana y sus mentiras. Las mentiras en dicho ambiente son más comunes de lo que uno se espera, las utilizamos como algo normal y rutinario, sin pensar nunca en la repercusión que tendrán hacia otro tarde o temprano, porque toda mentira tiene una consecuencia. Siguiendo el ejemplo que nos contaban nuestros padres para enseñarnos a no mentir, el cuento del pastor y los lobos, el pastor avisaba al pueblo que venían los lobos, siendo falso, la consecuencia fue que al final nadie le creyó cuando decía la verdad.
En el día a día, hemos de aguantar diversas promesas o afirmaciones de diferentes personas, las cuales no tienen intención de cumplirlas o simplemente no son verdad, pero nosotros no poseemos los métodos para verificar la información, con lo cual, lo único que nos queda es la duda o la certeza. Es importante diferenciar la certeza de la verdad, la certeza es que se está seguro de algo, y la verdad es la autenticidad del objeto. Retomando el ejemplo del pastor, los habitantes del pueblo tenían la certeza de que mentía, pero no poseían la verdad.
Aunque, en esta tela de mentiras, la consecuencia más importante se ejerce en el momento en el cual posees la información, tienes verificada dicha información, y una persona miente sobre ella, es decir, ¿como se debe reaccionar?, es algo que nunca he podido controlar, ni aún se como afrontar. Hablo de las acusaciones, aquellos cargos que se ejercen contra otras personas, no estoy tratando las acusaciones judiciales, sino las que nos acompañan día a día, desde que somos pequeños hasta que morimos. En consecuencia a estas acusaciones, muchas veces, en relación al título de dicha entrada, las mismas personas que las lanzan después niegan sobre estas, las deforman y transforman en beneficio a su imagen.
A todo ello, lo único de lo que estoy segura, es que las personas somos egoístas y ante todo buscamos nuestro beneficio, tiramos la piedra y escondemos la mano, lanzamos acusaciones y después mentimos sobre estas para que nuestra imagen no salga perjudicada, o, más bien, "salirnos con la nuestra". Reflexionemos y tengamos un poco de decencia, hay que ser consecuentes y pensar que no se puede engañar si la otra parte tiene el objeto de la cuestión completamente verificado, si se posee y se puede acceder a la verdad, y aún así alguien tiene la desfachatez de mentir, tan sólo se define así mismo como un impresentable e hipócrita.
Este comportamiento, llamémoslo cobardía, tan sólo perjudica a la persona que efectúa esta clase de mentira, y, si es demasiado tarde, no se puede combatir a una edad madura porque está totalmente reñida al carácter de la persona. Pero lo más importante, el identificar el problema, es el ejemplo que a esta persona se le a dado, el cual se encuentra en la educación con la cual se a criado, la educación de tirar la piedra y esconder la mano.